sucedieron en la literatura argentina después de la consagración de Julio
Cortázar, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.
De esa realidad da cuenta el título Cuento argentino contemporáneo. Breve
antología, relanzado por la Dirección de Literatura y compilado por Mempo
Giardinelli, quien en la década del noventa recibió el encargo de Hernán Lara
Zavala, entonces titular de la dependencia, para realizar una selección de
cuentos de autores nacidos a partir de 1940.
Profundamente inmiscuido en la producción literaria argentina, particularmente
en la cuentística, como estrecho colaborador de Edmundo Valadés en su revista
El cuento (1976-1983), fundador y director de la revista Puro cuento (1986-
1992), así como amigo y discípulo de Juan Rulfo, Giardinelli es una voz
autorizada.
Las zonas de confort
Conocedor de la escena literaria de aquel país, el compilador denuncia la
similitud entre las antologías de cuento argentino, característica que
atribuye a la falta de audacia, pues la mayoría recurre a autores académica y
comercialmente consagrados. Además de un característico amiguismo en las
selecciones por sobre la calidad literaria.
"Es como si en esas muestras cuentísticas Buenos Aires fuera toda la
Argentina. Ignoro si esto es así por obeliscocentrismo, ignorancia o simple
estupidez. Sospecho que hay un poco de cada una", señala.
En su prólogo para la plural publicación, a salvo de la dinámica comercial,
Giardinelli arremete contra una zona de confort que apuesta siempre por los
mismos autores.
"Bien sé que estoy escribiendo ideas que no resultarán muy simpáticas a
algunos de mis paisanos", reconoce. "Pero no estoy escribiendo un tratado de
buenos modales, ni jugando a las visitas".
Renovación temática
De acuerdo con Giardinelli, en el cuento de los años setenta y ochenta el
signo era casi siempre el exilio y temáticas político-ideológicas. Cuando
realizó la selección, los temas dejaron de lado las referencias ideológicas y
acogieron el surgimiento de un nuevo escenario social: problemáticas
femeninas, sexualidad, ironía.
Sin embargo, "en muchos cuentos están presentes la historia, la nostalgia por
el país que fuimos, la dictadura, la memoria activa y el rebaje ético, junto
con el rock, el desmadre, las drogas, la desesperanza".
Es decir, continúa, combinan elementos de una estética posmoderna con la mejor
tradición del cuento argentino: "lo fantástico, la parodia, el absurdo, la
experimentación, el costumbrismo, la literatura sobre la literatura, el
predominio de lo citadino".
La prueba del tiempo
Entre los quince textos, destacan Estado de sitio, de Gabriel Báñez, por su
oscuro humor que conjunta la crítica a la política y corsés sexuales; la
denuncia social en clave de José Luis Ceballos en Lima Eco Tango no se rinde;
o la efectividad de La conversación, de Graciela Falbo.
Además, la cruda persistencia de las diferencias sociales en La fiesta ajena,
de Liliana Heker; o, en el ámbito de la provincia, la búsqueda de la pasión en
Baile en el Marcone, de Guillermo Martínez, o la aplastante soledad en Aves
exóticas, de Reina Roffé.
"... habían llegado a ese momento en que se dicen cosas que uno ni siquiera
sabía que tenía adentro, cosas que solamente parecen ciertas en lo peor de una
discusión y después no alcanza la vida para arrepentirse de haber dicho,
porque quedan grabadas para siempre en el rincón más vulnerable del otro",
escribe Juan Forn en El karma de ciertas chicas.
O, sobre la doméstica tarea de sobrellevar la vida y soñar, narra Rodrigo
Fresán en El asalto a las instituciones: "Todo es una mierda y quizá
deberíamos pensar mejor eso de ser escritores porque me parece que eso nos
está pudriendo la cabeza, que somos como más sensibles a las porquerías de la
vida".
En medio del frenesí que ha generado la superproducción y la profusión de
espacios virtuales de la última década, podría apelarse que esta antología
(realizada en 1996) no incluye textos publicados esta misma mañana en algún
blog recóndito.
Sin embargo, los tiempos que otorgan un lugar en la literatura son otros y
esta reimpresión delata dos cosas: la prueba del tiempo que han superado estos
trabajos y que existen sólidas opciones literarias que podrían complementar la
oferta de probados e indudablemente extraordinarios universos de los best
sellers argentinos.
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